Internacionalización, liderazgo y seguridad de empresas …


 

Abrir nuevos mercados es algo obligado para cualquier empresa que no quiera ver menguar su actividad. La larga y dura crisis que hemos vivido ha impuesto la internacionalización, incluso a empresas relativamente pequeñas. Era exportar o morir pero ahora, ante una incipiente etapa de crecimiento no es posible tampoco renunciar a estar presente en los mercados exteriores. No hay una única hoja de ruta para abordar este salto empresarial. Básicamente, hay tres formas para operar fuera de España: directa, indirecta y compartida.
La primera permite vender los productos en el extranjero conservando gran control y autonomía en el proceso exportador, adquiriendo así un gran conocimiento del mercado. Con este tipo de entrada se adquieren mayores beneficios, pero por otro lado la implicación de la empresa en tiempo y recursos humanos es máxima, ya que la empresa debe asumir las operaciones logísticas, administrativas y financieras, según los expertos del Icex. .

La exportación es básica para cualquier empresa de cierto tamaño.

La exportación indirecta implica recurrir a una estructura de distribución de intermediarios que poseen los recursos y la competencia en materia comercial, cultural y lingüística, así como experiencia y conocimiento del mercado. Se pierde el gran control que se dispone en el sistema directo pero los costes son inferiores y nos evitar crear una estructura potente de empresa.

A su vez, la exportación compartida permite que la empresa se reparta con otros la soberanía comercial. Se ponen en común los recursos y los posibles beneficios que se obtengan. Pero la capacidad de decisión de cada una de ellas es limitada. Dentro de esta opción encontramos fórmulas como los consorcios y grupos de exportación, la agrupación europea de interés económico, las joint ventures o los acuerdos de distribución cruzada

La opción más arriesgada de implantación es la fabricación directa en mercados exteriores. La empresa puede llevar a cabo la fabricación en el mercado elegido a través de un contrato de fabricación con un tercero, permitiendo una licencia de fabricación o mediante el establecimiento de un centro de producción propio.
Para elegir la mejor opción el empresario debe investigar el nuevo mercado y cómo encajará tu producto en él. Es decir: debe saber cuál es la prioridad. Si minimizar los posibles costes o controlar el proceso, también tendrá que determinar si tiene los conocimientos del mercado necesarios (y conocimientos de idiomas) para realizar contactos y generar ventas o si   dispone del tiempo y dinero necesarios para invertir en establecer una filial o sucursal o en función del producto que vende. También es imprescindible determinar  si se requiere por ejemplo un servicio post-venta especializado y cuáles son los canales habituales de distribución para productos como los que vende el mercado destinatario.

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